Nuestros pies no son ajenos a la llegada del buen tiempo. Dedos, empeines, plantas y talones nos empiezan a pedir aire cuando el calor llama a la puerta. Nos reclaman, también, que les hagamos caso con una buena pedicura y que los alimentemos a base de crema hidratante y baños de agua del mar, aunque estos mimos no tienen por qué ser exclusivos del verano. Y, por supuesto, nos exigen unas sandalias bonitas, confortables, con estilo, atrevidas e incluso sofisticadas.

Zueco de Homers

Dicen que la sandalia es el calzado más antiguo del mundo. Su origen se sitúa por el Neolítico. Su nombre emana del término sandalïum, en latín, o sandálion en griego. Las primeras de las que se tiene conocimiento, a través pinturas, dibujos o tallas en piedra, consistían en unas suelas resistentes, de materiales naturales y ligadas al pie con cuerdas o cintas. Protegían la planta del pie, a veces no toda.

Los egipcios le dan un toque diferente. Elaboran su calzado con hojas de palmera y papiro. Algunos modelos presentan la punta levantada como si quisieran mirar o proteger el dedo. Su uso no era muy extendido, excepto cuando morían. Todos se iban de este mundo eran enterrados con las sandalias puestas.

Sandalias de Thierry Rsabotin

Como todo viene y va, los pies al aire sufrieron una involución a partir del siglo VII, cuando se convino que llevar las extremidades inferiores desnudas era inapropiado, incluso en los baños de mar. Se taparon con botas y zapatos y sólo en algunos monasterios, lejos de las miradas de los demás, se mantuvieron las sandalias. Y así fue hasta principios del siglo XX, por allá los años 20, cuando las mujeres decidieron liberarse de determinadas ataduras y volvieron a imponerse los zapatos abiertos. Poco a poco la sandalia fue ganando terreno hasta convertirse en una magnífica aliada para cualquier situación.

Sandalia de plataforma de Chie Mihara

En Vaga Falena nos encantan las sandalias. De tacón, ancho como los de esta temporada, de cuña, con plataforma o planas. Con suela de corcho, de piel o mezcla. De colores tostados, azules, ácidos, pastel, tonos maravillosos que le dan a nuestro aspecto un acabado o un inicio, depende de por dónde empecemos a mirar, único y el aire que necesitan nuestros pies.