Los sabemos y lo hemos comprobado, un bolso puede cambiar casi por completo nuestra imagen. Sí, los zapatos también, por supuesto. Sin ellos, esas maravillosas joyas, iríamos casi desnudas, pero el bolso es ese complemento perfecto del que difícilmente podemos prescindir.

Bolso de piel de Jack Gomme

No está nada claro su origen. No se sabe a ciencia cierta dónde apareció. Sí parece probado que es casi es tan antiguo como la humanidad.  En las pinturas que nos quedan como legado de los pueblos prehistóricos ya aparecen figuras femeninas con una especie de bolso/carterita colgado del brazo. Además, podemos intuir que por su condición de nómadas algunos artilugios debían de usar para trasladar los enseres más pequeños.

Bolsos de crosta de Homers.

Sabemos también, que no era algo exclusivo de las mujeres. Ellos, en otras épocas, también solían llevar su bolsa colgada del cinturón o del cuello prendido de una hermosa cadena. Muy grandes no eran, pero servían para llevar enseres de primera necesidad, incluso botecitos con veneno.

Igual que han evolucionado en formas, también lo han hecho en tejidos. Piel, de determinados animales, sedas, cuero, con bordados, metálicos… con compartimentos secretos o no tan secretos, con bolsitas añadidas, con cierres a base de lazadas, cadenillas o cordón; cierres metálicos o con llaves, sin nada…

Bolso de lino extra light de Jack Gomme

Podríamos escribir casi un tratado. Hay libros y muchas publicaciones que pueden satisfacer todo tipo de curiosidad sobre el bolso, una pieza útil de la que cuesta mucho desprenderse. Los hay para todos los gustos, en diferentes tamaños, tejidos, colores y formas y todos, absolutamente todos, son unos grandes aliados en cualquier circunstancia y momento. Sólo hace falta preguntárselo a la Reina Isabel II.